12.5.14

2-Mirarse al espejo.

Retomar el principio por el cual empezó este tema del Antibuda y de que forma. Primeramente, debería decir que fue a causa de ver lo que luego denominaría el “José budista”, un tipo especial de budista este José. La arrogancia y petulancia de algunas personas, que no por casualidad luego dejaron rápidamente la práctica en la mayoría de los casos. Estas personas utilizaban el budismo superficialmente como otros lo hacen con otras prácticas o creencias, sean o no religiosas. Tener esta gente cerca, más tiempo o tan solo una vez, alarmaba sobremanera. Algunas veces, planteaban sus ideas, propias y no del budismo, como la verdad absoluta.  En el decir de muchos budistas, de tan pacíficos, buena onda y en apariencia, inofensivos; se postulan como seres intocables. Como si fueran inmaculados, como si las ideas budistas no pudieran ser criticadas. Una creencia que no es sometida a prueba o testeo, puede rápidamente caer en el dogma de los que sostienen su “verdad absoluta”. Y eso ha ocurrido en muchas reuniones que presencié, aunque de corta duración, hasta que vino alguien con más años de experiencia y puso las cosas en su lugar, o sea en el libre pensamiento. O simplemente, como la fruta madura, todo aquel que hablaba por el mero hecho de hacerlo y poniéndose en el pedestal, demostraba con sus acciones y dichos mucho más posteriores, lo limitado y caduco de sus razonamientos. Es ya un cliché, en nuestra sociedad moderna, mostrarse contestataria y transgresor defenestrando mitos. El tópico favorito de estos pseudo-revolucionarios de más pseudo-intelecto, es la religión cristiana. No vamos a entrar en debates sobre lo que esté bien o mal en esta institución o creencia, aun cuando pudieran tener razón en mucho o en poco, no es el área de debate del Antibuda. Pero en la boca de algunos José Budistas se escapan las críticas al cristianismo, nacidas del resentimiento por sus experiencias pasadas. No es función de este ensayo ahondar en las cuestiones de otra creencia, esto lo trataremos a fondo más adelante, cuando ahondemos en el católico disfrazado de budista, que no es otra cosa que un budista que no pudo superar aun su cristianismo.
La pose arrogante de quien se piensa alejado de toda crítica o censura, rápidamente cae en la arrogancia de quien se cree impune. Por este tipo de actitudes, muchos consideran que el budismo, fuera de toda duda, es una religión perfecta y no puede someterse a revisión. Esto da tanto pavor de convertirse en dogma, que estas letras deberían estar temblando. Les tengo malas noticias, todo es imperfecto si está en este mundo saha. Lo dice el propio budismo, con lo cual dice la doctrina misma que es falible y posible de ser sometida a falsación o refutación. El Antibuda encara la incómoda tarea de meterse donde nadie desea intervenir, el Antibuda asume en este ensayo la fatídica función de decir aquello que no por ser muy molesto deja de ser verdad. Muchos se han vanagloriado de la superioridad del budismo por sobre el cristianismo, y otras creencias. Niezstche lo ha hecho, como hemos visto en el Antibuda original. Pero si llegamos al punto de compararnos con un filosofo de ese calibre, meramente en una reunión de dialogo, no estamos siendo mejores que los revolucionarios de café. Los que quieren armar la revolución socialista-marxista-comunista, mañana por la mañana de ser posible. Pero las palabras rápidamente son llevadas por el viento y la revolución es algo que da pereza, porque implica un esfuerzo para ellos. Los budistas está cayendo en una pedantería retórica, meramente semántica, donde acusan a otros de lo que ellos mismo hacen. Algo que podríamos aprender del Cristianismo. Tener cuidado de ser los primeros en tirar la primera piedra. ¿Quién está libre de todo error para juzgar otras doctrinas?
El antibuda.

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