29.5.14

4-Los mitos del budismo.

Mitos hay muchos. Y como hemos mencionado antes, existen otros tantos que gustan de desmitificar, o quizá tan solo con mencionar algo que suene a desmitificación. La única condición que se requiere es que parezca más verosímil la desmentida que el mito en sí. En el budismo existen muchos mitos. Y aquí podemos comenzar con retomar partes del Antibuda original. 
Desde el primer capítulo comencé relatando como cuando escuchaba hablar de budismo, la idea que se me hacía no era correcta a la realidad. Ni siquiera tenía mucho que ver con el budismo Nichiren que finalmente terminé practicando. Ese estereotipo, cliché para ser más claro, era el de un monje que se autoencierra en un templo, alejándose de la realidad y escapando del mundo cobardemente. Esto quizá no es del todo errado, pero no es toda la verdad. Claramente, nos falta clarificar que media realidad, no deja de ser un poco de realidad, no es que se convierta en mentira o en error. Por eso, ver el panorama completo fue un poco más complicado que esta primigenia e infantil concepción, o preconcepción para ser más precisos. Como diría Einstein, es más fácil destruir un átomo que un preconcepto. Este razonamiento naif, tiene su origen.
En el segundo capítulo, “La mala imagen del budismo”, ahondamos en este tema, sobre la errada imagen que el vulgo mantiene sobre el budismo. Algunos autores, aunque bienintencionados, quizá no lograron clarificar este aspecto de la cuestión. Entonces, encontramos que la gente en general tiene un prejuicio completo sobre el budismo del cual no hay ninguna experiencia de primera mano que lo sustente. 
En “Origen de una idiotez”, el capítulo tercero, se menciona un caso extremo donde una persona ha llegado a confundir Vudú con budismo. Mejor no seguir por esta vía, porque ni vale la pena mostrar las claras diferencias, más allá de las gramaticales. 
El capitulo cuatro, “Hazte la fama y sé budista”, comenta como la SGI hace poco por reformar esta imagen equivocada. Pero esta es la primera reforma y crítica que se le puede hacer al budismo. En realidad, para cuando ese capítulo fue escrito, la SGI era menos numerosa, ya han pasado diez años. No había surgido la idea de la “Primavera dorada” que es una tendencia a tratar de mostrarse al mundo como institución y como fe. Al conocer este programa en la agenda de la Soka Gakkai, cualquiera puede decir que el Antibuda está errado. Lo cual es en parte cierto, ya que el tiempo convirtió ese capítulo en anticuado, no como en el caso de otros apartados que aun están vigentes como el que más.
El capitulo cinco, “Religión o filosofía”, trata un tema que veremos más adelante por ser una cuestión diferente. Pero algo de relación tiene con estos mitos del budismo. Muchos legos, desconocen la respuesta a esa pregunta del título, algunos creen que es una u otra; pero la verdad es que nadie se ha podido pronunciar por una u otra opción. La respuesta del Antibuda es y siempre ha sido que, cada quien lo tome como desee y viva en consecuencia, sin incordiar con ello a nadie más.
El mayor mito del budismo es tratado en el capitulo sexto, “El verdadero Buda”, noción vulgar que sostiene que el Buda es únicamente una persona y que tiene una característica así como de un Dios, o es un Dios que adoran los budistas. Nada más perdido de la senda del camino del medio. Aunque si es cierto que muchas ramas y escuelas budistas caen en esta noción errada, allá ellos. Pero para la gran mayoría de los creyentes del budismo, el Buda es un maestro. Respetable, si; merecedor de cariño si; con una sabiduría profunda si; de una gran misericordia claramente; pero tan solo un ser humano que dejó una enseñanza muy fundamental. Y eso es lo que verdaderamente importa. Muchas escuelas originales lo han entendido, pero las que no, son las que más se conocen al parecer. El Buda es también un estado del ser humano, tanto para el budismo Nichiren como para otras tantas escuelas. Por esto se explica que se habla de otros budas, como TienTai, Nichiren Daishonin, Maitreya, etc.
El capítulo siete, “Como ser un buda y no morir en el intento”, en realidad debería ser “Como ser un budista y no morir en el intento”. Claramente trata de otra cosa, ya más adentrada en las críticas a cierta gente farisea de la fe budista. Pero hay un aspecto mítico más reciente que es mencionado en este capítulo en particular. El error en que caen muchos de confundir budismo con exitismo. “Si sos exitoso, sos un buen budista, sino está practicando mal.” Esta falsa noción acompaña a todo José Budista fariseo que arroja todas las piedras juntas contra todo aquel que se encuentra a tiro o en mala situación, para ser más exacto. Esta idea de éxito, monetario o académico, cualquiera este sea, es igualmente una noción muy reciente. No debe tener más de treinta años, perteneciendo a los finales del siglo veinte y principios del veintiuno. Nacido este mito del caldo de cultivo dejado por el capitalismo salvaje y la mercantilización de cuanto exista, justo después de los Yuppies pero un poco antes del ecommerce.
Justamente de eso trata un poco el capítulo ocho. Pero debemos recién llegar al nueve del Antibuda original para profundizar en los mitos del budismo, lo cual veremos en el próximo de este nuevo ensayo.
El antibuda.

22.5.14

3-Los budistas nominales.

El católico renegado como se menciona en el Antibuda original, es un tipo de budista que no ha superado su etapa anterior. Generalmente, cuando el budista proviene del cristianismo o de un cristiano de palabra apenas pero si de fuerte adoctrinamiento. Estos últimos son el tipo de cristiano que no va nunca a la iglesia, no reza jamás, se considera no creyente;  pero si le dicen que vaya a profesar otra creencia se aferra a lo conocido que es su cristianismo subyacente. O sino basta ver como salieron católicos de debajo de las baldosas, con la nueva asunción del papa argentino, repentinamente todos “habían sido” creyentes desde siempre. Pero es claro, disfrazados fariseos no es algo nuevo, son tan viejos como el cristianismo en si. El tratar con ese tipo de fariseos, será cuestiones de estos hermanos cristianos. A los budistas, nos tocará el José Budista, nuestro fariseo personal y propio. Entre esta clase arrogante, reside un católico renegado, cuyo resentimiento de árbol le impide ver el bosque del budismo. No justifico ni el resentimiento, ni las razones de que el mismo exista. Simplemente, me parece que resolver los asuntos inconclusos, es fundamental. Tal como uno no puede encarar una nueva relación amorosa si sigue llorando por la última mujer (hombre puede ser el caso, aunque no es el mío) que nos ha mandado a pasear. Freud podría intervenir en esta cuestión y contarnos sobre como los traumas infantiles se manifiestan a lo largo de la vida adulta, impidiendo el sano funcionamiento mental y en sociedad, llegando a niveles extremos y patológicos.  Estos budistas nominales, por no llamarlos católicos renegados, ya que por su patología negaran cualquier vinculación con dicha creencia; son bastante nocivos si se les deja rienda suelta a su arma más peligrosa, la lengua. El dicho popular, jocosamente, dice que si se muerde una persona venenosa la lengua, muere envenenada. Esta referencia ofídica, es clara para exponer como debemos tener cuidado los budistas, no con estas personas, sino con llegar a ser algo parecido a este estereotipo. Nada más fácil que caer en un cliché, aquí podríamos llamar a Antonio Gramsci para que nos asista, pero ya lo veremos más adelante. Ser un José Budista, o ser más específicamente un católico renegado/budista nominal, no es algo de lo que nadie está exento. Todos podemos caer, y aquí hago abuso del nosotros inclusivo, en esta trampa. Al reencontrarme con el Antibuda, al releer y corregir algunos capítulos; la intención fundamental fue ver si no caía yo mismo en esta trampa tan fácil como fatídica. Creo que gracias a esto el Antibuda como ensayo ha crecido y madurado, estando listo para aquí, volver a los origenes.
El antibuda.

12.5.14

2-Mirarse al espejo.

Retomar el principio por el cual empezó este tema del Antibuda y de que forma. Primeramente, debería decir que fue a causa de ver lo que luego denominaría el “José budista”, un tipo especial de budista este José. La arrogancia y petulancia de algunas personas, que no por casualidad luego dejaron rápidamente la práctica en la mayoría de los casos. Estas personas utilizaban el budismo superficialmente como otros lo hacen con otras prácticas o creencias, sean o no religiosas. Tener esta gente cerca, más tiempo o tan solo una vez, alarmaba sobremanera. Algunas veces, planteaban sus ideas, propias y no del budismo, como la verdad absoluta.  En el decir de muchos budistas, de tan pacíficos, buena onda y en apariencia, inofensivos; se postulan como seres intocables. Como si fueran inmaculados, como si las ideas budistas no pudieran ser criticadas. Una creencia que no es sometida a prueba o testeo, puede rápidamente caer en el dogma de los que sostienen su “verdad absoluta”. Y eso ha ocurrido en muchas reuniones que presencié, aunque de corta duración, hasta que vino alguien con más años de experiencia y puso las cosas en su lugar, o sea en el libre pensamiento. O simplemente, como la fruta madura, todo aquel que hablaba por el mero hecho de hacerlo y poniéndose en el pedestal, demostraba con sus acciones y dichos mucho más posteriores, lo limitado y caduco de sus razonamientos. Es ya un cliché, en nuestra sociedad moderna, mostrarse contestataria y transgresor defenestrando mitos. El tópico favorito de estos pseudo-revolucionarios de más pseudo-intelecto, es la religión cristiana. No vamos a entrar en debates sobre lo que esté bien o mal en esta institución o creencia, aun cuando pudieran tener razón en mucho o en poco, no es el área de debate del Antibuda. Pero en la boca de algunos José Budistas se escapan las críticas al cristianismo, nacidas del resentimiento por sus experiencias pasadas. No es función de este ensayo ahondar en las cuestiones de otra creencia, esto lo trataremos a fondo más adelante, cuando ahondemos en el católico disfrazado de budista, que no es otra cosa que un budista que no pudo superar aun su cristianismo.
La pose arrogante de quien se piensa alejado de toda crítica o censura, rápidamente cae en la arrogancia de quien se cree impune. Por este tipo de actitudes, muchos consideran que el budismo, fuera de toda duda, es una religión perfecta y no puede someterse a revisión. Esto da tanto pavor de convertirse en dogma, que estas letras deberían estar temblando. Les tengo malas noticias, todo es imperfecto si está en este mundo saha. Lo dice el propio budismo, con lo cual dice la doctrina misma que es falible y posible de ser sometida a falsación o refutación. El Antibuda encara la incómoda tarea de meterse donde nadie desea intervenir, el Antibuda asume en este ensayo la fatídica función de decir aquello que no por ser muy molesto deja de ser verdad. Muchos se han vanagloriado de la superioridad del budismo por sobre el cristianismo, y otras creencias. Niezstche lo ha hecho, como hemos visto en el Antibuda original. Pero si llegamos al punto de compararnos con un filosofo de ese calibre, meramente en una reunión de dialogo, no estamos siendo mejores que los revolucionarios de café. Los que quieren armar la revolución socialista-marxista-comunista, mañana por la mañana de ser posible. Pero las palabras rápidamente son llevadas por el viento y la revolución es algo que da pereza, porque implica un esfuerzo para ellos. Los budistas está cayendo en una pedantería retórica, meramente semántica, donde acusan a otros de lo que ellos mismo hacen. Algo que podríamos aprender del Cristianismo. Tener cuidado de ser los primeros en tirar la primera piedra. ¿Quién está libre de todo error para juzgar otras doctrinas?
El antibuda.